Cómo aprender a meditar por primera vez (y sostener el impulso)
- Daniela Pantoja V.
- 25 oct
- 3 Min. de lectura
¿Cómo aprender a meditar qué es meditar y cómo se hace?
Meditar no es vaciar la mente, ni dejar de pensar. Es aprender a observar la actividad mental sin dejarse arrastrar por ella. Como explica la neurocientífica Nazareth Castellanos, al meditar “la mente aprende a verse a sí misma”, generando un diálogo entre la atención, las emociones y el cuerpo.
Desde la neurociencia se ha comprobado que la práctica constante fortalece la corteza prefrontal, el área del cerebro que gestiona la atención y la empatía, y reduce la activación de la amígdala, que responde al estrés y al miedo. Esto significa que meditar reeduca tu sistema nervioso, ayudando a vivir con más calma, foco y presencia.
Para empezar, basta con tres pasos simples de cómo aprender a meditar:
Busca un espacio tranquilo.
Siéntate y cierra los ojos unos minutos.
Observa tu respiración sin cambiarla.
Cuando notes distracción, vuelve al aire que entra y sale. Eso ya es meditar.
La postura para meditar: base física de la calma
Aunque se suele subestimar, la postura es fundamental para sostener la práctica. El cuerpo influye directamente en la mente: una columna erguida y relajada mejora la respiración y activa el nervio vago, clave en la autorregulación emocional.
Nazareth Castellanos lo explica así: “La postura erguida cambia el flujo de información que sube al cerebro y modifica cómo sentimos y pensamos.”
Por eso, la mejor postura no es la más estética, sino la que te permita sentarte estable, respirando sin tensión. Puede ser en el suelo, sobre un cojín, o en una silla con los pies apoyados. La estabilidad física crea seguridad interna, y sin seguridad, no hay calma posible.
Qué pasa en tu cerebro cuando comienzas a meditar
Cuando inicias la práctica, tu mente se resiste: surgen pensamientos, incomodidad o aburrimiento. Esto es natural. Es el cerebro saliendo de la rutina automática.
Estudios de Harvard liderados por Sara Lazar (2011) demostraron que ocho semanas de meditación diaria aumentan la densidad de materia gris en zonas del cerebro vinculadas a la memoria, la empatía y el equilibrio emocional. Incluso breves momentos de atención plena disminuyen los niveles de cortisol y mejoran la coherencia cardíaca.
Cada respiración consciente cambia tu biología, incluso si no sientes nada extraordinario.
Música y movimiento: aliados para meditar mejor
Escuchar música relajante antes de meditar puede ayudar al cerebro a entrar en sincronía con el cuerpo. Las frecuencias suaves, entre 432 Hz y 528 Hz, promueven ondas cerebrales alfa y theta, asociadas a relajación y creatividad.
Y si hoy no logras dejar tu cuerpo y mente en calma, también puedes meditar en movimiento: caminar despacio, correr sin audífonos o simplemente respirar mientras te mueves conscientemente. Como indica el neurocientífico Andrew Huberman, “el movimiento con atención consciente puede generar los mismos efectos de calma que la quietud.”
Qué hacer cuando no tienes ganas de meditar
Tu mente está diseñada para buscar comodidad. Cuando aparece la frase “no tengo ganas”, es solo una resistencia del sistema nervioso al cambio. Cada vez que eliges hacerlo igual, refuerzas nuevas conexiones neuronales de disciplina y autocuidado.
Hazlo más simple:
Siéntate tres minutos.
Observa cómo te sientes.
Respira profundo y exhala más largo.
No busques sentir paz. Busca quedarte contigo, aunque no tengas ganas. Eso también es meditar.
Recordatorio para tu práctica de hoy
Meditar no es hacerlo perfecto. Es recordarte que puedes parar. Y cada vez que lo haces, entrenas tu mente, tu cuerpo y tu corazón para responder desde la calma.
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